Evolución cosmológica sin poder cambiar el texto original
Resulta interesante poder analizar los hechos básicos para entender por qué motivó Rashi tuvo la necesidad de integrar de manera más unificada ambos versículos de la manera que lo hizo.
Necesitamos partir del hecho de que antes el vv.1 actuaba como una introducción que
abarcaría todo lo que pasaría a describir después, algo que Rashi también lo entendía de ese modo, ante lo cual uno puede percibir que
al modificar el verbo de absoluto a un constructo dependiente fue porque lo llevó a pensar que la creación de los cielos y la tierra comenzó
partiendo de una tierra caótica e informe donde aparece el agua, que en líneas generales no modifica
el criterio general anterior cuando se veía al agua como materia preexistente, solamente el modo de comprender la relación
introductoria o su enlace con el siguiente versículo y de allí en adelante.
Comprender la motivación de Rashi toca exactamente la fibra teológica e
interpretativa que lo movió a proponer esta lectura.
No se está ante un cambio aleatorio; para Rashi, la lectura tradicional (el
v. 1 como una frase
introductoria absoluta o "resumen general" del resto de la creación)
presentaba problemas lógicos e inconsistencias narrativas insostenibles al
compararla con el resto del texto bíblico.
1. Las
motivaciones inmediatas de Rashi
Rashi era un exegeta judío profundamente comprometido con la cohesión del texto. En su
comentario a Génesis 1:1, él plantea explícitamente las contradicciones que
intenta resolver:
- El problema del orden cronológico
(El caso del agua):
Si el versículo 1 significara "Primero Dios creó el cielo y la tierra", el texto asumiría
un orden estricto de acontecimientos. Sin embargo, en el versículo 2 la escena
ya contiene aguas (máyim) sobre las que se mueve el espíritu de Dios.
Rashi se pregunta: ¿Cuándo fueron creadas las aguas? El texto no
menciona la creación del agua por ningún lado. Si el v. 1 marca el
"segundo cero" del universo, la presencia previa del agua en el v. 2
rompe la secuencia cronológica.
- El problema semántico de Bereshit:
Para poder resolver esta tensión textual bajo la nueva interpretación teológica de la creación, Rashi se basó solamente en el texto hebreo, aspecto que revelará un detalle no deseado sobre la divulgación de las Escrituras hebreas. Para lograr su propósito, Rashi
argumenta que gramaticalmente la palabra reshit en la Biblia hebrea
nunca aparece en estado absoluto ("el principio"), sino en estado
constructo ("el principio de..."). Para él, la gramática misma
pedía a gritos enganchar el v. 1 con lo que venía a continuación.
2. ¿Qué cambia sustancialmente entre ambas lecturas?
Aunque a simple vista parezca un mero ajuste sintáctico que mantiene la
idea de una tierra caótica inicial, las implicaciones conceptuales de la variante
de Rashi son profundas:
A. Cambia
la naturaleza misma del primer acto divino
- Lectura Tradicional / Absoluta
(LXX / Masoretas):
El primer acto de Dios entendida a partir del siglo II, no la más antigua, fue crear materia/soporte (creó la
estructura de los cielos y la tierra en el v. 1, la cual en el v. 2 se describe
en estado bruto). El verbo principal del origen es crear/hacer (Bará
/ Epoíesen).
- Lectura de Rashi (Oración
Subordinada):
El primer acto explícito de Dios no es crear la materia, sino emitir
su voz: "Y dijo Dios: Sea la luz" (v. 3). Todo el v. 1 y
el v. 2 pasan a ser una cláusula de encuadre temporal ("Cuando Dios
comenzó a crear... estando la tierra desordenada... dijo Dios..."). La
creación bíblica deja de ser un acto de manufactura de materia prima y pasa a
ser un acto de ordenación mediante la palabra.
B. Cambia
la intención del texto (No es un tratado cosmogónico)
En la lectura tradicional, Génesis 1 funciona como un relato sobre el
origen físico del cosmos (¿de dónde salió el universo?).
Rashi afirma explícitamente en su primer comentario al Génesis que la
Torá no vino a enseñar el orden cronológico ni la física de la creación
(de hecho, Rashi cita al Rabí Yitzjak para decir que la Torá debió haber
comenzado realmente en Éxodo 12 con los mandamientos al pueblo de Israel).
Al reestructurar la frase, Rashi despoja al texto de su función como
"relato de orígenes materiales" y lo convierte en el marco conceptual
para entender el establecimiento del mandato y el orden divino en el mundo.
C.
Invalida el uso de Génesis 1:1 como prueba bíblica de la Creatio ex Nihilo
En la tradición teológica (especialmente en la patrística cristiana y en
sectores de la filosofía judía como Maimónides), Génesis 1:1 era la prueba
textual de la creación "de la nada". Rashi demuestra que,
gramaticalmente, el versículo 1 no afirma la creación ex nihilo, porque
no está hablando de un "principio absoluto" preexistente a todo, sino
del "principio del proceso de ordenación".
Resumen
del impacto
La variante de Rashi cambia el foco de la narrativa:
|
Dimensión |
Lectura
Tradicional (LXX / Masoretas) |
Lectura
de Rashi |
|
Rol
del v. 1 |
Título
general o Acto 1 (Creación del soporte). |
Cláusula
temporal subordinada al v. 3. |
|
Enfoque
principal |
El origen
de la materia (cielos y tierra). |
El ordenamiento
del caos mediante la Palabra. |
|
Pregunta
que responde |
¿Cuándo
y cómo comenzó a existir el universo? |
¿En
qué circunstancias pronunció Dios su primer mandato? |
Así, el escenario general no cambia radicalmente la presencia del caos del v. 2; pero la lectura de Rashi desplaza el protagonismo: el relato ya no trata de cómo apareció la materia prima, sino de cómo la palabra divina irrumpió en medio del caos inicial para estructurar el mundo.
Aquí es posible entender que antiguamente veían que al decir lo que dice el v.1, Dios creó la
materia y después pasa a describir lo que hizo con ella, pero eso parece más una interpretación posterior, que dio origen a la hipótesis de la
brecha, luego la tierra vieja, etc. Lo que es cierto es que parece existir una
cierta discontinuidad entre el vv1 y el vv2.
Rashi sustenta su argumento en pasajes en hebreo donde aparece bereshit. ¿Cuáles son todos los pasajes donde bereshit nunca se usa en sentido absoluto
sino constructivo?
Son dos puntos fundamentales para
desentrañar la lógica de este pasaje: la percepción del primer acto de creación
y la evidencia léxica real sobre la palabra Bereshit.
1. ¿Cómo
veían el v. 1 los antiguos y por qué la "hipótesis de la brecha" es
un problema distinto?
Respecto a la "hipótesis de la brecha" (Gap
Theory) —que supone un intervalo de millones de años entre el v. 1 y el v.
2 para encajar la geología moderna o la caída de Satanás— es una
invención moderna (siglo XIX, popularizada por Thomas Chalmers y la Biblia de
Scofield). No existía en la Antigüedad.
Sin embargo,
para los antiguos (tanto judíos del Segundo Templo como los traductores de la
LXX), entender el v. 1 como una oración principal e independiente no significaba meter un "vacío
temporal", sino entender el proceso en dos etapas continuas:
1.
El v. 1 como titular o primer acto general: "En el principio hizo Dios
el cielo y la tierra" (se afirma la autoridad y la autoría absoluta de
Dios sobre el soporte completo).
2.
El v. 2 como la descripción inmediata del estado inicial: Inmediatamente después de esa
afirmación general, el narrador acerca la cámara a la tierra y la describe en
su estado primitivo (Tohu va-Vohu: informe, vacía, en tinieblas) sobre
la cual Dios va a empezar a trabajar en los seis días. (Esto considero que
haría pensar que la tierra era considerada el centro de la creación)
Para la
mentalidad antigua no había una "discontinuidad cronológica" ni
millones de años, sino un estilo narrativo semítico común: se anuncia
primero el cuadro general (v. 1) y luego se comienza detallando las condiciones iniciales
sobre las que se actuará (v. 2 y ss.).
Lo que Rashi
intenta hacer no es corregir una geología moderna, sino eliminar la "incomodidad gramatical" de que
el v. 2 mencione un "océano/abismo" sin que el v. 1 haya explicado
explícitamente cuándo se creó el agua.
2.
¿Cuáles son todos los pasajes donde aparece Bereshit en la Biblia
hebrea?
Para evaluar
si el argumento de Rashi sosteniendo que Bereshit nunca va solo es
correcto, la filología examina todos los usos del sustantivo רֵאשִׁית (Reshit) con la preposición בְּ (Be-) en la Biblia hebrea.
La palabra בְּרֵאשִׁית (Bereshit) aparece exactamente 5 veces
en todo el Tanaj:
1. Génesis 1:1
- Texto: בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים
- Lectura en disputa: ¿Estado absoluto ("En
el principio creó Dios...") o estado constructo ("En el
principio de crear Dios...")?
2. Jeremías 26:1
- Texto: בְּרֵאשִׁית מַמְלְכוּת יְהוֹיָקִים
- Sintaxis: Estado constructo claro.
La palabra que sigue (mamlejut) es un sustantivo
("reinado").
- Traducción: "En el principio del
reinado de Joacim..."
3. Jeremías 27:1
- Texto: בְּרֵאשִׁית מַמְלֶכֶת צִדְקִיָּהוּ
- Sintaxis: Estado constructo claro.
Seguido del sustantivo mamlejet ("reinado").
- Traducción: "En el principio del
reinado de Sedequías..."
4. Jeremías 28:1
- Texto: בְּרֵאשִׁית מַמְלֶכֶת צִדְקִיָּהוּ
- Sintaxis: Estado constructo claro.
Misma estructura que el anterior.
- Traducción: "En el principio del
reinado de Sedequías..."
5. Jeremías 49:34
- Texto: בְּרֵאשִׁית מַלְכוּת צِدְקִיָּה
- Sintaxis: Estado constructo claro.
Seguido del sustantivo maljut ("reino/reinado").
- Traducción: "En el principio del
reinado de Sedequías..."
¿Qué
revela esta lista?
El resultado
estadístico y sintáctico es contundente:
1.
En los 4 casos de Jeremías, la palabra
Bereshit está indiscutiblemente en estado constructo porque la
palabra siguiente es un sustantivo (reinado). La
traducción exige obligatoriamente decir "En el principio de...".
2.
Génesis 1:1 es el único caso en toda la Biblia donde la palabra que sigue a Bereshit
no es un sustantivo, sino una forma verbal (בָּרָא, Bará).
La otra
cara del análisis: La palabra Reshit sin preposición
Si ampliamos
el análisis a la palabra רֵאשִׁית (Reshit) sola (sin la preposición Be-),
esta aparece unas 50 veces en la Biblia (por ejemplo, Isaías 46:10: "que
anuncio lo por venir desde el principio"). En la gran mayoría de casos
funciona como un sustantivo en constructo ("lo primero de", "las
primicias de"), pero hay pasajes poéticos donde funciona con sentido
absoluto.
Conclusión
Rashi tenía
razón en su observación empírica: en toda la Biblia hebrea, cuando la palabra
se escribe con la forma בְּרֵאשִׁית (Bereshit), siempre va unida a un complemento
("en el principio de...").
El dilema de
Génesis 1:1 radica en que es el único lugar donde esa regla choca contra un verbo (Bará),
obligando a los lingüistas a decidir si se trata de un uso absoluto único en la
literatura bíblica (como lo leyeron los Masoretas y la LXX) o si el verbo debe
interpretarse como una cláusula de complemento (como propuso Rashi).
Aquí puede para algunos surgir una confusión. Por un lado se dice respecto al concepto más antiguo que el primer acto de Dios fue crear materia/soporte (creó la estructura de los cielos y la tierra en el vv.1, la cual en el vv.2 se describe en estado bruto). La confusión suele ocurrir cuando se afirma que Bará, en hebreo, significa crear, pero la LXX traduce Epoíesen, que significa hacer. Aquí es cuando se confunde con ciertas recensiones de la LXX que cambiaron el verbo epoiesen a ektisen. En hebreo bará no se traduce crear, fundar, sino hacer, y eso es siempre a partir de algo preexistente, por eso originalmente la LXX tradujo epoiesen, y lo preexistente o primordial era el agua. Dios hace los cielos y la tierra desde el principio, pero no habla que hizo el agua, esa ya estaba; y desde los versículos 2 al 31 y 2:1-4 desarrolla cómo lo hace partiendo del agua.
Así era cómo se entendía desde lo más antiguo ese pasaje de Génesis.
Luego cuando en griego escribieron el otro verbo, seguramente a causa de nuevas maneras de ver la teología y la naturaleza y de reflexionar sobre ellos los filósofos, pasaron a pensar que Dios CREÓ, no que HIZO. Y ese concepto siguió así entendido por los judíos con la misma palabra bará en su Génesis hasta Rashi, por eso Rashi no entendía de dónde salió el agua, porque sus maestros le habían enseñado que Dios creó todo. El Dios judío, Yhwh era el creador de todo desde el principio. El agua también tenía que ser bará, hecha, creada (indistinguible ahora de su significado original aparentando sinonimia), no que fue la materia prima para hacer todo el cosmos.
Encima el vv.2 habla de la tierra cuando todavía siquiera apareció, cuando era en toda su extensión y profundidad totalmente agua y los cielos todavía no habían sido creados. ¿De qué cosa hablaba? Por eso tuvo que inventarse que en Gén.1:1 debía aplicar la “cláusula de complemento” para que le cerrase a él acorde a como ahora entendían Gen.1:1, 2, diferente a los tiempos antiguos, incluyendo ahora al agua como parte de la creación divina.
Además, debemos recordar que todavía seguían pensando que la tierra era el centro del universo, desde dónde arranco la creación.
Otro detalle es que en hebreo cielos está en
plural y en griego en singular. Ahí ya tenemos otro problema desde el inicio de
la LXX, quienes al traducirla no quisieron escribir cielos en plural. ¿Por qué?
Considero que en la traducción primaba la interpretación de la época que era
diferente a otra más antigua por razones que se desconocen. Trataré de explicarlo:
El planteo sobre la evolución del pensamiento antiguo y los giros conceptuales en la traducción es evidente.
Aquí se pone el dedo en una llaga
histórica: la tendencia a leer textos muy antiguos con los anteojos
teológicos de épocas posteriores.
Para responder a las preguntas sobre por qué la Septuaginta (LXX) tradujo
"cielo" en singular y cuáles fueron las motivaciones de su época, es
necesario desmontar el recorrido conceptual paso a paso.
1. El
significado original de Bará (בָּרָא) en hebreo y el agua primordial
En cuanto a la observación sobre el verbo hebreo בָּרָא (Bará) coincide
con la lingüística semítica comparada moderna:
- En el hebreo bíblico clásico: Bará
no significa "crear de la nada" (ex nihilo). Significa
asignar función, separar, moldear, ordenar o dar existencia a algo dentro
de un sistema.
- El agua como dato previo: En
las cosmogonías del Antiguo Cercano Oriente (tanto babilónica, egipcia,
como la hebrea primitiva), el agua (máyim / Tehom, el
abismo) no se consideraba
una "materia creada", sino el estado primordial del caos no
ordenado. El agua simplemente estaba allí.
- El objetivo del relato: Dios no intenta explicar la física
del origen del agua, sino cómo separó las aguas (v. 6-7) para abrir
un espacio seco habitable (la tierra) y una bóveda (los cielos).
Cuando la LXX traduce Bará por ἐποίησεν (epoíesen,
del verbo poiéō: "hacer", "fabricar",
"construir"), los traductores judíos de Alejandría del siglo III a.C.
estaban siendo absolutamente fieles a esa idea: Dios es un artífice que
"hace" u "ordena" el cosmos a partir de la realidad informe
que describe el vv.2.
2. El
cambio teológico posterior y el problema de Rashi
¿Por qué Rashi ve algo que otros parecen no ver y propone una lectura diferente, como si todos los doctos y sabios traductores de todos los siglos anteriores se equivocaron al traducir? La reconstrucción de lo que le ocurre a Rashi en el siglo XI es digna de mencionar:
1. La cristianización y helenización del
concepto: A partir del siglo II d.C., bajo el influjo de la filosofía platónica y
la apologética (frente a los gnósticos que decían que la materia era mala y
eterna), tanto el cristianismo como el judaísmo rabínico fijaron el dogma de que Dios tuvo que haber
creado absolutamente todo, incluida la materia prima y el agua.
2. El choque de Rashi: Cuando
Rashi lee el texto mil años después con la presuposición de que "Dios creó todo desde el
segundo cero",
el versículo 2 le produce un cortocircuito: ¿Si Dios creó todo en el v. 1,
de dónde salió este océano del v. 2 que no fue 'hecho' explícitamente?
3. La solución de Rashi: Como la teología de su época ya no
toleraba la idea de un agua primordial no creada, Rashi recurre a la
sintaxis del estado constructo ("Al principio de crear...") para
encadenar los versículos y disolver la aparente autonomía del agua.
3. ¿Por qué la LXX tradujo "el cielo" en singular
(τὸν οὐρανὸν) y no en plural?
Aquí se llega a un punto filológico
fascinante. En hebreo, la palabra para cielos, שָׁמַיִם (Shamáyim), es una
palabra que morfológicamente es un plural o dual inherente (termina en -áyim).
Literalmente dice "los cielos".
Sin embargo, en Génesis 1:1, la LXX
escribe:
τὸν οὐρανὸν (ton ouranón — singular
acusativo).
¿Por qué la LXX tradujo "el cielo" en singular? Hay
razones de peso lingüístico, cosmológico y filosófico propias del siglo III
a.C. en Alejandría:
A. Razones de uso idiomático en el griego Koiné
En el griego clásico y helenístico,
el sustantivo οὐρανός (ouranós)
se utilizaba predominantemente en singular para designar la bóveda
celeste completa o el universo visible.
- Traducir
Shamáyim como toùs ouranoús ("los cielos", en
plural) le habría
sonado a un lector griego de Alejandría como un plural extraño o
innecesario, así como en español decimos "el cielo" para
referirnos a toda la atmósfera/firmamento.
B. La cosmología científica de la época (El modelo
Alejandro/Aristotélico)
El Alejandría del siglo III a.C.
era el centro científico del mundo helenístico. La física y astronomía
aristotélica dominaban el pensamiento erudito:
- En la
física griega, ὁ οὐρανός (el Cielo, en singular) era la esfera exterior única que
albergaba todo el cosmos y el elemento del éter, en contraposición a ἡ
γῆ (la Tierra, única y central).
- Presentar
la creación en griego como "el cielo y la tierra" (ton
ouranón kaí tēn gēn) encajaba
perfectamente con la concepción científica helenística del cosmos como un sistema
binario unificado: la esfera celeste (singular) y la esfera
terrestre (singular).
C. La evolución teológica del "plural" (Los cielos)
Más
adelante, dentro del propio judaísmo helenístico tardío y del Nuevo Testamento
(influenciado por la literatura apocalíptica como Enoc o Testamentos de los XII
Patriarcas), surgió la noción
de la existencia de múltiples cielos (tres o siete cielos superpuestos).
Fue solo entonces cuando los
traductores e intérpretes posteriores (como las recensiones del siglo II d.C. o el griego del Nuevo
Testamento) empezaron a usar masivamente el plural οἱ οὐρανοί (hoi
ouranoí, "los cielos") para reflejar literalmente el hebreo Shamáyim.
Pero los traductores
originales de la LXX en el siglo III a.C. todavía no operaban con esa teología
apocalíptica de "múltiples moradas celestiales", sino con la visión
del cosmos binario único.
Resumen
Tenemos la siguiente reconstrucción de la historia:
1. En la Antigüedad más remota: El texto
hebreo de Génesis 1 refleja una cosmogonía del Cercano Oriente donde Dios ordena y separa (Bará/Epoíesen)
un caos acuoso preexistente para hacer aparecer la tierra y el cielo.
2. En la Alejandría helenística (LXX): Traducen
con epoíesen ("hizo") y ouranón ("cielo", en
singular) porque se adaptaba a la perfección idiomática y a la concepción del
cosmos único de la ciencia helenística.
3. En la Teología posterior (Rabínica y
Medieval): Cuando se dogmatiza que
Dios tuvo que haber fabricado la materia misma y el agua desde la nada, pasajes
como el v. 2 se vuelven una intriga incómoda, obligando a comentaristas como Rashi a buscar piruetas
gramaticales para reajustar el texto a la teología de su época.
Ahora bien, si a partir del siglo II se impuso ese nuevo dogma donde Dios crea todo, incluso el agua, ¿por qué motivo recién Rashi se dio cuenta de la notable falta de armonía para expresar esa idea partiendo de cómo quedaron escritos en griego y luego en latín esos primeros versículos de Génesis? ¿Por qué las traducciones a partir de Rashi, hayan sido hebreas o cristianas, no “acomodaron” sus traducciones a esa nueva visión cosmológica, sino que leyendo una cosa decían que significaba otra?
Y aquí es donde aparece lo indeseable que expone el origen real de las Escrituras que nadie desea ver, porque incomoda sumamente a todos los creyentes.
De entrada, nadie puede negar que así como está escrito en griego y hebreo y es traducido uno percibe de entrada que esos dos primeros versículos no armonizan entre sí acorde a lo que de ellos enseñan los teólogos cuando se les consulta. Cualquier lector siempre hace preguntas porque no logra captar qué cosa dicen esos versículos. Esa es la prueba evidente de que textualmente el pasaje dice algo que nadie entiende bien, y por más que le expliquen de una u otra manera, siempre queda algo en el aire, una sensación de insatisfecho, como si algo no encajase.
También, al decir “y la tierra estaba desordenada…”, ¿Qué “tierra”, si todavía el relato
muestra que aparece recién más adelante?
Estos aspectos planteados dan
en el blanco de la historia de la hermenéutica bíblica: por qué pasaron mil
años hasta Rashi y por mecenazgo o rigor las biblias no
"corrigieron" el texto, prefiriendo mantener la traducción
literal e imponer la teología por encima mediante comentarios o tratados.
1. ¿Por qué recién Rashi (s. XI) denuncia esta falta de
armonía?
No es que los teólogos anteriores (patrísticos, Rabinos del
Talmud o traductores como San Jerónimo) no hubieran visto el problema de la
presencia del agua o la forma de la tierra en el versículo 2. La diferencia
radica en el método de lectura que cada época consideraba válido:
- La solución patrística y
rabínica antigua (Siglos II al X): La Alegoría y el Midrash.
Antes de Rashi, la falta de armonía o las lagunas del texto no
se resolvían ajustando la gramática ni la sintaxis. Si el versículo 2 decía
que el agua o la tiniebla ya estaban allí, la exégesis judía antigua (el Midrash) y los Padres
de la Iglesia (como San Agustín o Teófilo de Antioquía) no necesitaban que el
texto gramatical fuera "perfecto".
- Para ellos, la "creación de la nada" (ex nihilo) se demostraba mediante dogma teológico extrabíblico o leyendo el texto de forma alegórica (por ejemplo, afirmando que el agua ya estaba "implícita" en la palabra "cielos" o que fue creada en la oscuridad del primer instante). No necesitaban forzar la sintaxis del verso 1 porque la alegoría y la tradición teológica suplían la laguna.
- La revolución de Rashi: El
triunfo del Peshat (sentido literal/gramatical).
En el siglo XI, en el norte de Francia y Alemania, surge una
escuela de comentaristas judíos que decide abandonar la alegoría como única respuesta y buscar el פסשט (Peshat):
la explicación llana, gramatical y sintáctica del texto.
Rashi fue el pionero de esta corriente. Al enfrentarse al
texto únicamente con las reglas de la gramática hebrea, se dio cuenta de
lo que la alegoría había tapado durante siglos: sintácticamente, el
versículo 1 no encaja como un hecho cronológico independiente si en el
versículo 2 el agua ya está ahí sin haber sido nombrada. Rashi no
"descubre" el problema teológico; es el primero en exigir que la gramática
pura resuelva la incoherencia sin recurrir a fantasías alegóricas.
2. ¿Por qué las traducciones no "acomodaron" el
texto y prefirieron decir una cosa pero interpretar otra?
Preguntarse por qué las traducciones posteriores (incluidas las cristianas de la Reforma o las mismas biblias judías) mantuvieron la lectura tradicional ("En el principio creó Dios...") en lugar de adaptarla a la sintaxis de Rashi contiene mucha razón.
Hay tres razones fundamentales para esta resistencia:
1.
La sacralidad de la forma de la palabra (Invariabilidad del
Canón):
Tanto en el judaísmo masorético como en el cristianismo, el texto consonántico y las
versiones veneradas (la LXX en Oriente y la Vulgata latina en Occidente) habían
adquirido un estatus de inerrancia o inspiración divina. Cambiar
la traducción de "En el principio creó Dios..." a "Cuando
Dios comenzó a crear..." se percibía como una alteración profana del texto sagrado original.
2.
La separación entre Texto y Comentario:
La solución de la cultura
judía y cristiana fue mantener el texto literal intacto en el centro de la
página y trasladar la discusión teológica a los márgenes (los
comentarios, glosas o notas al pie). El texto decía una cosa en su traducción mecánica, pero el
sacerdote o el rabino explicaban en el sermón o en el comentario lo que "realmente significaba".
3.
El peso dogmático de la fórmula tradicional:
La frase "En el principio creó Dios los cielos y la
tierra" se había convertido en la piedra angular litúrgica y doctrinal
de la creación ex nihilo. Cambiarla en las biblias vernáculas (como la
Biblia del Oso en español o la King James en inglés) habría parecido una concesión a las filosofías paganas
de la materia preexistente. Por eso prefirieron conservar la frase
histórica y "forzar" la interpretación teológica sobre ella.
3. El problema de la "Tierra" en el versículo 2:
¿De qué "tierra" habla si aún no había aparecido?
En cuanto a la observación sobre la palabra "tierra" ('Áretz)
en el versículo 2 es impepinable y muestra la inconsistencia del relato si se
lee como una crónica lineal física.
- La contradicción interna:
- Versículo 2: "Y la tierra
[ha'áretz] estaba desordenada y vacía..."
- Versículos 9-10: Dios separa las aguas de lo
seco, y recién en el versículo 10 se dice: "Y llamó Dios a
lo seco Tierra [’Áretz]".
¿Cómo se explica esta anomalía?
1.
Uso proléptico (anacronismo narrativo):
En la literatura antigua, cuando el narrador dice en el vv.2
que "la tierra estaba informe", está utilizando el término de forma proléptica: llama
"tierra" a la materia primordial informe que más tarde se
convertirá en la tierra seca. Es como decir: "Cuando este
edificio era solo un montón de ladrillos..." (aún no era un edificio, pero se le nombra por su
resultado final).
2.
Cosmología binaria inicial:
Para el autor antiguo, el conjunto de la realidad era un
binomio: Cielos (lo de arriba) / Tierra (lo de abajo). En el vv.2,
"tierra" no se refiere a la superficie seca donde caminamos, sino a toda
la masa abisal e informe del fondo sobre la cual descansaba el océano
primordial (Tehom), en oposición a la bóveda superior.
Conclusión
La sospecha de quienes leen y perciben que los versículos
1 y 2 no armonizan si se pretenden leer como un relato cronológico moderno de
la física de los materiales es completamente exacta.
- Durante mil años se tapó esa
falta de armonía mediante alegoría teológica.
- Rashi fue el primero con la valentía
de señalar la incoherencia sintáctica y proponer un cambio en la
estructura de la frase para arreglarla.
- Y las traducciones posteriores
prefirieron conservar la traducción literal tradicional por respeto
dogmático y litúrgico, delegando la tarea de "explicar la
contradicción" a la teología y a las notas al pie de página.

