jueves, 1 de octubre de 2026

¿Dios o dios? ¿Cambia algo?


Imagen subida por Percy Carte en su respuesta y abajo copié el versículo completo tal como lo escribió él, al cual sólo resalté los dos lugares donde aparece la palabra que la mayoría traducen Dios.

ΕΝΑΡΧΗΗΝΟΛΟΓΟϹΚΑΙΟΛΟΓΟϹΗΝΠΡΟϹΤΟΝΘΝΚΑΙΘϹΗΝΟΛΟΓΟϹ

En su respuesta explica que el segundo "DIOS" no tiene artículo, y eso lo convierte en un adjetivo o sustantivo de calidad, como decir "un dios" o "divino", pero insiste que el primer "DIOS", al estar acompañado del artículo definido, su significado cambia para indicar a la persona que es el único Dios, por eso debe estar siempre escrito con mayúscula, no así el segundo.

Amigo lector: ¿Qué piensa usted al respecto?

Luego de intercambiar un par de comentarios sin ponernos de acuerdo, a pesar de involuntariamente reconocer que se habla de dos dioses, un "primero" y otro "segundo", no me lo reconoce, entonces le pregunté al predicador de los testigos de Jehová en Quora sobre la imagen que subió de Jn.1:1 tomada de Códice Sinaítico:

"Ante todo, es importante que nos entendamos respecto a lo que estamos diciendo, y que si presumimos conocer el griego, nos concentremos exclusivamente en el texto griego que usted subió en su respuesta, no en tratar de respaldarse en las capas teológicas de los traductores.

Mencioné anteriormente que en Juan 1:1 aparecen dos sustantivos. La palabra DIOS indica una cualidad, un oficio, una posición o una virtud propia de alguien. Es como decir: MAESTRO, REY, EL GRANDE, CARPINTERO, etc. ¿Estamos de acuerdo en eso?

Ahora bien, usted me dice que el segundo «Dios» es una cualidad —un adjetivo— y no un nombre. Le pregunto: ¿cómo considera la primera mención, «EL DIOS»? ¿Cómo un nombre propio, entonces? En ese caso, ¿deja de indicar la cualidad de la persona a la que se hace referencia? Ahora bien, si es ambas cosas, ¿por qué el segundo «DIOS» no puede ser ambas cosas también? Sea como fuere, ¿cómo lo entiende usted entonces?"

¿Qué suponen sucedió? Como suele suceder con este tipo de presuntos maestros, evitó responderme.

No le estaba diciendo que la ausencia de artículo hace que se hable de un mismo DIOS como lo explicó en su respuesta, sino justamente de un segundo DIOS, un ser distinto.

El biteísmo o henoteísmo fue una acusación que recibían los cristianos ortodoxos durante los primeros siglos antes del siglo IV, por adorar a Jesucristo y al Padre mediante él. 

Y ahora los siguen acusando algunos por ser trinitarios. En fin. Nadie nunca se pregunta el motivo por el cual el dogma de la Trinidad tuvo que ser instalado, incluso hasta en la forma de traducir los textos, usando en este caso de la mayúscula dogmática.

La idea del logos como un segundo Dios ya se manifestaba antes en círculos filosóficos del judaísmo helenista, como en Filón de Alejandría en el siglo I, a quién denominó “Deuteros Theos”, o el «Ángel Primogénito», mediante el cual el Dios Trascendente creó y gobierna el cosmos.

Hipólito, un obispo de Roma en el siglo III, respondió ante este problema netamente gramatical del pasaje de Jn.1:1 entre el DIOS logos filosófico introducido pero personificado en Jesucristo resucitado y el DIOS único conocido por lo judíos lo siguiente: “no hablaré de dos Dioses, sino de un Dios y de dos Personas”.

Noten de cómo hasta nuestros días la iglesia hace uso de la mayúscula dogmática cuando se traducen sus archivos históricos. 

Lo que no podían evitar era lo que básicamente el griego textualmente decía, necesitaban explicarlo. El cristianismo ortodoxo y triunfante se acorraló solo al divinizar a Jesucristo en un contexto monoteísta estricto, donde la sola posibilidad de otro DIOS era inaceptable.

A personas como Percy les hago otra pregunta muy iluminadora:  

¿Cuántos señores tenía David según el Salmo 110:1 (109:1 LXX) según se pone su interpretación en boca de Jesús en pasajes como Mat.22:45? ¿Sólo al Señor de nombre infebable Yhwh, o a dicho Señor Yhwh y al “mi Señor” de David, que el evangelio asocia con el Cristo y descendiente de David? ¿”Cómo es que David lo llama Señor si es su hijo”? le plantean los cristianos a los judíos, como si les estuvieran poniendo en aprietos. 

¿Qué responderían ante esto? ¿Era un solo Señor o dos Señores unidos en un mismo propósito?

El CS claramente nos muestra una realidad que muchos pasan por alto, y es cuando en relación al logos también lo nombra para ser traducido de algún modo especial, que se ha entendido en mayúsculas como Dios, porque lo escribe en forma de nomina sacra. No se trataba de cualquier dios, sino de alguien muy notable también.

Si bien esa costumbre de escribir los llamados nombres sagrados no implicaba resalte usando mayúscula, al diferenciarlo de otros sustantivos y asociarlos a nombres de personas, como "Cristo" a Jesús, que significa Ungido, estaban indirectamente indicando que para ellos esos eran nombres propios tal como lo era Jesús, y de allí uno puede deducir que como todo nombre propio hoy día se escribe empezando la primera letra con mayúscula, esos nombres también deberían empezar así al traducirlo. Y eso explica en buena parte por qué los vemos en mayúscula hoy.

En este caso, también tenemos que entender que ya estamos en el siglo IV o V, cuando este tema ya había evolucionado en otra dirección diferente a cuando se escribió originalmente Jn.1:1, que probablemente no estaba escrito de esa manera, en forma de nomina sacra. Por el momento no hay manera de saberlo a ciencia cierta, aunque lo más probable era que no existían para el siglo I el uso de esa práctica en los escritos griegos  religiosos en sus únicas letras griegas conocidas en uso, las unciales. 

De allí que las ediciones académicas escriban el NT griego sin usar mayúsculas salvo en nombre propios de personas o ciudades o para empezar un libro o luego de incluir un punto, para alejarse lo más posible de cualquier intencionalidad teológica que apoye una comprensión alterada de un texto.

Esto nos lleva a pensar que originalmente los sustantivos no eran vistos como etiquetas repetitivas de distintos usos, sino por su significa implícito netamente gramatical. Un nombre como Filipos, por ejemplo, era visto por lo que significaba el término: amante de los caballos, y eso por sí mismo lo asociaba a una persona. El contexto mismo o la ausencia de declinación en los nombres extranjeros era evidencias de que se traban de un nombre de una persona.

Este tema es semejante a otro pasaje que la TNM también traduce mal al estar afectada por estos factores culturales propios de la evolución del cristianismo. Se trata de 2 Ped.1:1.

2 Ped.1:1 lee: “Simon Peter, a slave and an apostle of Jesus Christ, to those who have acquired a faith as precious as ours through the righteousness of our God and the Savior Jesus Christ:” NWT2013

Mala traducción. Si bien escriben en este caso con mayúscula Dios porque figura como nomina sacra en el manuscrito más antiguo, pero agregan el artículo “the, del” a "Savior", cuando en griego no está escrito de esa manera.

Es una traducción lamentablemente errónea, porque de este modo introducen a dos personas allí cuando se habla de una sola. No entienden de griego y sólo se preocupan por introducir su propio sesgo interpretativo alterando la idea original.

Cuando en griego el pasaje describe las cualidades de una persona, el artículo precedente a los sustantivos calificativos hace que todos apliquen a la persona especificada en la oración. En esa epístola, de la lectura tal cual están en griego, el escritor manifiesta que Jesús Ungido (NA27 adopta la mayúscula para Ungido), la persona especificada, es Dios y salvador de los cristianos.

La traducción correcta de ese pasaje teniendo en cuenta la naturaleza divina expresada como nombre propio, y que no refiere el nombre propio del Padre, que es cuando también se usa la mayúscula al decir Dios, debe ser traducido:

“Simón Pedro, siervo y apóstol de Cristo Jesús, a los que han recibido una fe como la nuestra, mediante la justicia del Dios y salvador nuestro, Cristo Jesús:”.

Para los cristianos del siglo IV, Jesucristo era Dios como su Padre. 

Y Dios es también dios, una repetición bastante peculiar por la manera de usar nombre y sustantivo. ¿Se entiende?

Como todos sabrán, todos traducen con mayúscula el ‘nombre’ del Padre, Dios, no dios, porque eso indican los manuscritos, y eso es lo que lleva a confusión. Hasta carece de sentido decir que Dios es dios. De allí la confusión.

También escriben como nombre propio Salvador, como nómina sacra, cuando en el propio CS lee como sustantivo calificativo: “salvador” (COTEROC), y no en la forma de nómina sacra, como si ocurre cuando leemos KY en vez de simplemente “kyrion” en el mismo pasaje del CS, o TOY ΘY (del Dios) en el CV, por eso los traductores al traducir lo hacen con mayúscula después, Señor y Dios, salvo las ediciones académicas que lo hacen sin mayúscula.

 2 Ped.1:1 CV:  …TOY ΘY HMO KAI COTEPOC IY XY:

Figura en el Códice Vaticano tou Theou “del Dios”. Al estar Theou escrito como nomina sacra (ΘY -primera y última letra y con un raya por encima) y no como un sustantivo indicando divinidad, al traducir debe hacerse con mayúscula como un nombre propio, y de ahí surgen todas las confusiones. Los manuscritos más antiguos que poseemos del NT ya estaban acondicionados para ser traducidos los nómina sacra como nombres propios, lo que correspondería hasta cierto punto al uso de nuestras mayúscula hoy día.

Y esto es algo que no entienden los testigos de Jehová para Jn.1:1c. Te suben el pasaje del CS y dicen que el segundo TC al no tener artículo significa “un dios”, algo erróneo, porque no existía ese tipo de distinción en la antiguedad mirando si tenía o no un artículo dicho sustantivo. Eso es falso. 

Lo que aquí tenemos es teología agregada al texto.

Y si miramos que en ese pasaje se encuentra escrito precisamente en griego de tal modo (ΘY) como para ser entendido como un nombre propio y no como un simple sustantivo que exija un nombre, no quedaría otra que escribirlo con mayúscula, Dios, aunque originalmente solo valdría traducir "dios".

Por ello, si bien disponemos de manuscritos muy antiguos, no podemos tomarlos como originales genuinos, porque gramaticalmente ya están expresados de modo cambiado al tornarse en escritura teológica reinterpretada.

Percy Carter transcribió del SC:

ΕΝΑΡΧΗΗΝΟΛΟΓΟϹΚΑΙΟΛΟΓΟϹΗΝΠΡΟϹΤΟΝΘΝΚΑΙΘϹΗΝΟΛΟΓΟϹ

En negritas las dos veces donde aparece THEO, DIOS como ya mostré. Resaltado en cursiva indico donde aparece el artículo acusativo en griego, TON para el primer THEO. El segundo THEO no aparece con artículo. Es anártro.

El piensa que al no estar las letras separadas y sin artículo el segundo THEO hay que traducir de manera que se lea “un dios” o “divino”.

Pero, como bien dijo también, la falta de artículo en griego no significa que automáticamente al traducir debemos poner en inglés o español un artículo indefinido a toda palabra que en griego aparezca sin artículo.

En español así como en inglés, también la inclusión del artículo indefinido no siempre es necesaria, de hecho, a veces es inapropiada.

Por otra parte, el artículo con la declinación TON en Juan 1:1 es para señalar que el primer THEO es alguien conocido entre sus oyentes o lectores, esto es, saben de antemano que refiere a alguien conocido por dicha comunidad, y que para ellos era equivalente al principal, el único, pues era la manera en la que en griego koiné, en la LXX, ya estaban acostumbrados a decir cuando se referían al único Dios judío.

Y en ese pasaje no podía no serlo, porque era antes de que todo existiera, momento en el cual aparece además el segundo DIOS, mediante el cual todo llegó a existir.

Cuando una oración así estructurada habla de dos THEO o DIOS, si uno lleva artículo, se refiere por lo tanto a EL DIOS ya conocido, el que es único, y el que no lleva artículo pero claramente aplicado al logos, es simplemente DIOS, el nuevo conocido.

Los judíos piadosos de la época ya hacía siglos que abandonaron cualquier tipo de monolatría en un concepto politeísta o de henoteísmo, y este otro segundo DIOS les resultaba chocante, pero especialmente aplicado a una persona humana resucitada.

Cuando los traductores lo vierten en inglés o español lo que hacen es escribir con mayúscula, God o Dios en ambos casos, porque eso mandan los manuscritos en su teología, no lo que diga hoy algún “profeta” autonombrado.

Como se puede ver, es innecesario aclarar para un lector en griego que el segundo THEO es diferente al primero, ya fue destacado el primero con su artículo respectivo para diferenciarlo del segundo. El otro, que refiere al logos, es otro DIOS, nada más. No es el mismo al primero mencionado, era incluso menor. Ya está implícito en griego así como está escrito.

Percy argumenta que la falta de artículo al traducir hace que resulte ambiguo si escribe con mayúscula el segundo THEO (Dios), tal cual de cómo se encuentra el primero, porque lleva a confundir con el único Dios.

Y en parte tiene razón, porque la costumbre de ver escrito “Dios” o “God” lleva la idea de que habla de la misma persona al haber adoptado escribir con mayúscula para usar como nombre propio del único Dios, pero, y es importante aclararlo, así es visto desde un perspectiva no trinitaria o antitrinitaria. Para alguien que es trinitario ya está aleccionado que habla de otra persona, no de la misma. 

Además, el propio texto es muy claro al mostrar que habla de dos personas. El problema se trata si habla de un solo Dios o de dos Dioses.

Y nadie, ni trinitarios, ni unicistas, ni arrianos, ni antitrinitarios de cualquier tipo quieren reconocer lo segundo. Lo negarán hasta su último suspiro.

Para ayudarle a comprender al estimado Percy, necesitamos primero saber que, la ambigüedad que él señala en su respuesta, surge a causa de siglos de confusiones cristianas sobre la existencia y las tensiones surgidas en los primeros siglos por el concepto de la presencia de dos poderes o dos dioses, que es tal cómo aparece en el núcleo del NT.

Percy, en cambio, alude al uso de mayúscula y minúscula al traducir como el factor distintivo, aspecto que agrega una dificultad adicional confundiendo aún más al lector adoctrinado en la corriente cristiana general.

Cualquier cristiano que busca aclarar el tema a partir del uso de mayúscula o minúscula no sabe nada de griego y solamente intenta discutir doctrina teológica.

Para los creyentes habituales que leen en inglés o español, ver escrito “Dios” y “dios”, debido a la cultura impuesta por la iglesia, transmite de manera automática en la mente de tales lectores que uno (escrito Dios) es el “verdadero” y el otro (escrito dios”) es el “falso” u otra cosa bien separada, esté o no con artículo definido, y punto.

A raíz de ello, siempre que Dios esté escrito con mayúscula, aunque no tenga artículo, todos entienden que en su traducción se habla del único Dios, el mismo que en griego en la LXX y el NT se referían en diversos pasajes con el artículo definido “EL DIOS” cuando necesitaban especificarlo.

No obstante, hay que reconocer también que a veces, el mismo contexto de la oración escrita en griego podía hacer que un THEOS escrito sin el artículo fuese entendido que alude con claridad al único Dios sin tener la necesidad de definirlo con el correspondiente artículo.

Por lo tanto, es un mito sostener que en la Septuaginta (LXX) y en el Nuevo Testamento (NT) siempre se utiliza el artículo definido (ho, «el») cuando se alude al único Dios o al Padre. (Ejemplos donde no se usa el artículo definido pero alude claramente a lo que todos entienden por Dios: Gén.1:2; varios Salmos y libros proféticos; Jn.1:18a; 3:2; Rom.8:33; 2Cor.5:19 y 1Tes.1:9).

Esto obliga aún más el uso de mayúscula para definir al único Dios al traducir. De allí que la sola palabra escrita con mayúscula fuese siempre entendida que siempre al único que es DIOS, y punto.

También es importante señalar que al traducir sin el artículo el segundo THEO y con mayúscula, quienes lo asociarían con el único Dios serían todos aquellos que fueron adoctrinados en la cultura del dogma de la Trinidad. Verían a dos personas, dos dioses, pero para ellos sigue siendo un solo DIOS, como si fuese una cabeza con tres rostros diferentes, no tres ni dos o tres cuerpos.

Por eso, quienes se oponen a dicho dogma cometen sin querer el error de decir que en Jn.1:1 no habla de dos dioses, sino de un solo Dios.

Sin darse cuenta apoyan el dogma católico, pero niegan su consecuencia cometiendo un error fatal.

Es cuando Percy escribió:

“Most translations ignore the rules and put God, leading the reader to assume they are the same person, God.”

Eso es falso, porque ni en griego y ni siquiera los trinitarios pueden señalar que se refiere a una misma persona.

Percy es un antitrinitario que confundido en sus apreciaciones comete este error conceptual sobre la creencia del otro para publicitar la suya como la mejor o la verdadera.

¿Hasta qué grado entiende de lo que habla? Lo sabrá él.

Pero justamente, la razón por la que algunos agregan el indefinido al segundo THEO, y encima con minúscula, se debe principalmente al provenir de la cultura trinitaria cristiana durante tantos siglos, llevándoles a cometer el segundo error por causa de no comprender la gramática original griega ni el sentido original de la traducción correcta a causa del nuevo sesgo interpretativo. Argumentan que de otro modo no se logra entenderlo correctamente si no lo agregan al traducirlo.

Sin embargo, agregar el indefinido es peor aún, exponiendo una clara ignorancia textual, porque el uso de un indefinido y encima en minúscula para el “dios” aplicado al logos en una traducción, obliga al lector que juzga de manera netamente gramatical y no con el sesgo religioso cristiano general, a suponer que ese logos era otro más de al menos un segundo dios como era ese logos, es decir, que ya existía entonces, y que además, su cualidad era distinta al único Dios, no sólo que fuera de menor rango.

El problema es que el texto griego del primer capítulo de Juan en absoluto da a entender eso, para nada enseña que el logos era un dios indefinido y de otra cualidad, ni de poca importancia. Estaba perfectamente definido como una deidad fundamental para llevar a cabo la entera creación, y esto claramente como un segundo dios unido al primer dios.

Lo que está mal ya viene con los manuscritos más antiguos, quienes usan ambas menciones a DIOS como nombres propios (nómina sacra), no como sustantivos simples. Ya contienen la carga doctrinal para buscar escapar del henoteísmo implícito para ser entendido de otra manera y con el tiempo ser traducidos con mayúscula, cuando originalmente debieron estar ambos como sustantivos y no en la forma de nombre sagrado, y de ahí en minúsculas, al igual que “el logos”.

Pero no podían hacerlo porque no asociaron ningún nombre al dios que para los cristianos era “el “verdadero”.

Y así nos llevan los propios códices al concepto inevitable de los DOS DIOSES.

Y paremos de contar, porque en la línea temporal de Jun.1:1 no había nadie más que esos dos entes de poder.

Este concepto de un segundo Poder o Deutero Theos o Segundo Dios ya era habitual en ambientes judíos helenísticos de la época del siglo I y siguientes.

El problema surgió cuando los cristianos tomaron el concepto filosófico y lo transformaron de modo radical aplicado a Jesús resucitado, afirmando que se trató del logos encarnado, pasando a constituirse en el Logos.

El Logos joánico fue una reelaboración judía y cristiana de un concepto griego ya elaborado, conectado con tradiciones bíblicas anteriores y transformado por la afirmación cristiana de que ese Logos se encarnó en Jesús.

Los primeros cristianos tuvieron que responder a la acusación de politeísmo por la manera en que estaban escritos pasajes como Jn.1:1, algo que ellos buscaban de toda manera posible negar, apelando a distintos argumentos.

La doctrina trinitaria posterior fue una sistematización filosófica y doctrinal de las tensiones que esa síntesis introdujo, pero lejos de solucionarlo, su presencia textual es tan fuerte que todavía genera discusiones y debates.

Este concepto es por todos aceptado, una especie de verdad universal en la que todos están de acuerdo. La propia IA Magisterium reconoce este hecho, aunque apelará a todo tipo de argumentos para indicar lo contrario a lo que se entiende al leer directamente los pasajes del NT.

El problema que tienen los TJ con este texto es que lo miran al revés. Lo primero que hacen es negar que en Juan 1 allí se hable “dos dioses”, olvidando que la esencia del NT es presentar al único Dios visible, Jesucristo, mediante el cual podemos ver al único Dios invisible, el Padre, de quién todo emana.

De entrada, entender esto ya de por sí es difícil.

Pero, si no estamos primero de acuerdo con ello, y entender que ese era el enfoque teológico del NT desde los primeros dos siglos (sea que lo entendamos, o lo aceptemos o no), es imposible avanzar, porque lo ven desde el punto de vista del monoteísmo arriano, en el cual no se puede aceptar más que un Solo Dios, el Invisible, y ello por entender que es Increado. Solamente hay un solo ser increado, y ese es Dios, y punto. No puede existir en su mente la posibilidad de otro ser que fuera también Dios, es decir, que fuese increado, porque para ellos ese logos fue creado, hubo un tiempo que no existió, como decía Arrio.

Y ese es el nudo imposible de desatar. Ser creado o increado divide por completo las aguas.

La dificultad es que en ese enfoque, Cristo no puede adoptar ninguna posición de ser el reflejo de ese Dios y ser llamado Dios también por ello, no porque fuese la misma persona, sino por ser otra distinta y que al haber sido creado-principal escollo argumental-nunca podía igualar la posición Suprema del Dios invisible por más que se explicase que Cristo estaba subordinado al mismo.

Y eso que en ninguna parte de la Biblia podamos encontrar una clara referencia verbal o expresión griega específica en la que mencione que el logos fue creado, o Dios lo hizo primero, nada de eso. Esa idea brota únicamente por la expresión “primogénito”, y “unigénito”, o sea, de interpretaciones filiatorias llevadas a una literalidad forzada.

Y justamente, por la manera en que ha sido escrito y debido a ese enfoque de los dos Dioses o Poderes que existía antes del siglo IV, claramente puesto por escrito en los libros que poseemos del NT, un Dios menor claramente subordinado al mayor, fue la fuente de la cual surgieron tantas discusiones entre los líderes eclesiales frente a la doctrina monoteísta clásica judía.

Frente a este dilema la iglesia se vio obligada a zanjar las disputas sobre la naturaleza de Jesucristo respecto a su Padre al imponer primero el dogma de la binidad en contra de la doctrina de Arrio, señalando que las Escrituras nunca dijeron que el logos fue el primer ser o persona creada, sino el engendrado (entendido espiritualmente) y atemporal en un contexto trinitario todavía no tan bien explícito en el Concilio de Nicea en el año 325, que finalmente se impuso como el dogma de la Trinidad por el emperador Teodosio, quien estableció el credo del concilio de Nicea como la norma para su dominio al convocar el Concilio de Constantinopla en el año 381 para aclarar la fórmula. Aquel concilio fue el que definitivamente acordó que el Espíritu Santo era consustancial (de la misma sustancia) con Dios Padre y Dios Hijo y empezó a perfilarse la doctrina trinitaria.

Y por último, en el concilio de Calcedonia en 451, se estableció que Cristo poseía ambas naturalezas, que fue tanto verdadero hombre como verdadero Dios.

En vez de finalizar las disputas, generó el primer cisma católico separando a las iglesias orientales de las occidentales sobre este aspecto, más no sobre la Trinidad, en la que casi todos llegaron a un acuerdo.[1]

Es importante conocer cómo se desarrollaron los acontecimientos durante los primeros siglos para poder entender lo que realmente sucedió. Fueron los mismos textos del NT y la LXX que llevaron a tantas discusiones entre doctos cristianos, que no podían ponerse de acuerdo en este tema de la naturaleza de Jesús resucitado a partir de lo escrito sobre el Cristo como DIOS respecto del DIOS Padre.

Hay que tener en cuenta que todos los creyentes cristianos comunes adoraban y adoran hasta hoy día (salvo algunos como los TJ a partir de los año 50 del siglo pasado) a Cristo como Dios e intermediario y para gloria del Dios Padre.

Esta tensión se puede ver reflejada en el propio evangelio, en Juan 14:8-11, cuando Felipe habla en nombre de todos pidiendo que Jesús les mostrara al Padre y con eso aclararían todas sus dudas. Esa petición esconde la explicación parcial dada por “Jesús”, mostrando que Cristo era la imagen misma de su Padre, y quien se dirigiera a él se dirigía a Dios, no pudiendo dejar de ser también Dios, acorde a Jn.1:1.

Juan 1:1 es como si dijese: ‘En principio era el logos, y el logos estaba con el dios, también el logos era dios.’

Si sustituimos la palabra “dios” por otra semejante, se entenderá mejor: ‘En principio era el logos, y el logos estaba con el poderoso, también poderoso era el logos.’

Dos poderosos, dos señores, dos dioses, uno mayor y el otro menor. Pero cuidado, si se escribe “un poderoso” daría a entender que habría al menos más de uno como él logos en dicho principio, cuando el propio Juan relata que no había nadie más que ellos dos en dicho principio. La creación de todo lo que vemos vino después.

El pasaje de Juan no habla de la creación del segundo Dios, sino de su existencia o presencia en ese “arjé” o comienzo.

Pero entender esto tratando de armonizarlo con otros conceptos interpretados de otros textos, como el de asociarlos con Prov.8,  no era sencillo para los doctos cristianos.

Esta presencia de dos poderes se puede ver nada menos que puesto en boca del mismo Jesús en los pasajes en los cuales les pregunta a los judíos qué pensaban del Cristo, y aludiendo al Salmo 109:1 (110:1 TM) levanta la pregunta sobre a qué Señor se refería como su hijo el propio David.

Ya existía en esa época un entendimiento alterado de ese Salmo, porque si les pregunto a cualquier testigo de Jehová sobre cuantos Señores tenía David, todos dirán que solamente a Jehová, es decir, a uno solo. Pero Jesús dijo que bajo inspiración David dijo que vio a dos señores.

Esta alusión es muy semejante cuando se repite para Cristo resucitado en el relato de Esteban en Hech.7:55, 56, cuando se alude al Señor, a Jesús, ubicado a la derecha del Padre, en este caso, textualmente repetido al “Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.”

En el CS aparece ya espíritu como nombre propio, PNC, Pneumatos, Espíritu, sin artículo (¿será un espíritu santo?), luego ZANΘY, “gloria de-Dios” (sin artículo), nombre propio también, luego KAIIN, “y Jesús”, nombre propio, luego EKDEZIONTOYΘY, “a derecha de-el-Dios” (con artículo y nombre propio), y finalmente KAYTONYNTOYANTROPOY, ”y el Hijo del hombre” (nombre propio Hijo, debe escribirse con mayúscula acorde  la teología). Muchos miran los códices pero no saben lo que leen, y aun así pretenden enseñar a los demás.

Sinceramente, siendo honestos y humildes, les pregunto a todos los testigos de Jehová, ¿no ven que en esos pasajes el propio Jesús alude interpretativamente a que David tenía a dos señores frente a sus ojos, a Jehová y a otro más, que indirectamente se refiere al Cristo en los evangelios, como el caso de Jesús a la derecha de Dios llamándolo mi Señor, a la misma manera que se relata que lo ve Esteban?

Es también de vital importancia señalar que en ninguna parte de la LXX y en el NT se indica o se da a entender de manera directa (aspecto en el cual todos están de acuerdo, incluso los arrianos, unicistas y testigos de Jehová, mormones, etc.), que el logos preexistente fuese creado por Dios, que fuese una criatura que tuvo un comienzo. Verbos griegos como poieo o ktizo jamás se asocian con el comienzo de logos aplicado a un supuesto primer hijo celestial de Dios. Tampoco se usaron en el NT términos compuestos claros como protógenes o protógonos para hablar de un primer hijo o criatura de Dios aplicada al logos.

El uso de los términos “primogénito” y “unigénito” que fueron entendidos por algunos cristianos, como Arrio, de esa manera, se debió a que no podían entender que alguien llamado “hijo” no tuviese un comienzo en la existencia, es decir, por simple intuición literal frente a la mera incapacidad mental humana, tal como pretender explicar cómo es que Dios no lo tuvo, pero allí lo aceptan sin más dificultad.

En cuanto a los legos, ni idea tenían de qué iba la cosa, ellos sólo recibían la doctrina que tenían que aceptar como correcta sin siquiera tener la necesidad que entenderla, al igual que hoy día un paciente acepta sin dudar la receta de su médico y cumple con la medicación sin saber nada de medicina.

La expresión ‘quien me ha visto a mí ha visto al Padre’ en el relato de Jn.14.8-11, es parte de una revelación muy importante, porque presenta esta tensión de la identidad del Cristo, porque obviamente los discípulos no lo comprendían, y de alguna manera intenta explicarlo de una manera también bastante compleja de ver, quedando obviamente insatisfechos, porque esta tensión duró siglos, llegando hasta hoy.

En el Apocalipsis la persona de Jesús se presenta como el “cordero” en el trono divino, y prácticamente se confunde con la persona del dios judío Yhwh. La teología juanina es muy compleja.

El propio Evangelio de Juan sostiene esa tensión de forma intencionada. Presenta un misterio que no está diseñado para ser "resuelto" como un problema matemático, sino para ser contemplado. La insatisfacción de los discípulos ante la respuesta de Jesús es el reflejo natural de la mente humana intentando abarcar lo que la trasciende por completo.

Concluyendo

Por lo tanto, el mismo aspecto cualitativo que algunos intentan darle al segundo dios (theos) para establecer una diferencia crucial, también está presente en ton theon, de otra manera deberíamos decir que ton tehon no es divino. Tampoco hay manera de querer decir que su cualidad de dios (theos) es especial o superior o diferente, algo que era inexistente en la propia expresión theos si no lleva un adjetivo adicional. Que entre los oyentes judíos creyeran que lo fuese con la sola mención de la palabra (o por la mayúscula dogmática después), no era por gramática sino por teología sobreentendida entre ellos. Cualquiera mencionado como “theos” era lo que esa palabra describe, un ser sobrehumano e inmortal y nada más y nada menos, aun siendo subordinado uno a otro.

Mi argumento en realidad es el que da en el blanco exacto de la semántica léxica del griego koiné y demuestra una comprensión impecable del uso de theós en el mundo antiguo.

El análisis de que la cualidad «divina» es inherente al lexema theós —lleve o no artículo— y de que las jerarquías entre seres divinos no las marcaba la gramática, sino la teología del lector, se sostiene sobre tres pilares filológicos fundamentales:

1. La naturaleza semántica de theós: Un atributo de ser

En el griego helenístico y en el judaísmo de habla griega (como la Septuaginta y Filón de Alejandría), la palabra θεος describe una categoría de existencia (inmortalidad, poder sobrehumano, esfera celeste), no un atributo que gradúe «niveles de divinidad» por sí solo.

• τον θεον es divino porque pertenece a la clase de seres que son θεος. El artículo no añade «más divinidad» a la palabra; únicamente individualiza de qué ser divino concreto se está hablando en la oración (en el caso de Juan 1:1, el Padre).

• Por lo tanto, decir que el Lógos es θεος en la tercera cláusula reconoce su pertenencia a esa misma categoría existencial sobrehumana, sin que la ausencia del artículo reduzca intrínsecamente la naturaleza del término.

2. La gradación de los seres divinos en la antigüedad (Jerarquía vs. Gramática)

En la mentalidad grecorromana y en el judaísmo del Segundo Templo existía una vasta jerarquía de seres divinos o celestiales:

• Para un griego, Zeus, Apolo, los demones o los héroes deificados eran todos θεοι, pero no todos tenían el mismo rango.

• Para un judío helenizado (como Filón de Alejandría), Dios creador era ο θεος, mientras que sus poderes, los ángeles o incluso Moisés (Éxodo 7:1 en la LXX) podían ser calificados como θεος en un sentido derivado o funcional.

Sin embargo, como bien señalé, esa subordinación o diferencia de rango no estaba codificada en la palabra θεος en sí. Para que el texto griego indicara explícitamente que un θεος era superior o diferente a otro, la lengua exigía adjetivos o construcciones calificativas adicionales (como μεγας —"gran dios"—, υψιστος —"Dios altísimo"—, o αληθινος —"Dios verdadero"—).

Sin un adjetivo modificador, la palabra por sí sola significa simplemente lo que es: un ser inmortal y sobrehumano.

3. La transferencia de la teología a la tipografía

Mi desarrollo argumental y mi observación final desenmascara el proceso histórico mediante el cual se construyó la ortodoxia posterior:

1. El oyente/lector del siglo I: Decodificaba el pasaje mediante la teología sobreentendida de su comunidad (el contexto del monoteísmo judío o la cristología incipiente de la comunidad juanina). Sabía quién era el Padre y quién era el Lógos por la narrativa y por sus convicciones teológicas previas, no porque la letra de la palabra tuviera una "mayúscula" o una marca especial.

2. La teología dogmática posterior (ss. IV en adelante): Al institucionalizarse la doctrina y surgir las controversias cristológicas, se volvió imprescindible proyectar esa jerarquía o coigualdad directamente en el texto escrito.

3. La imprenta y la traducción moderna: Como el idioma moderno distingue entre «Dios» (Mayúscula = Dios supremo/Trino) y «dios» (Minúscula = ser inferior, ídolo o falso dios), los traductores se vieron obligados a elegir una de las dos etiquetas. Al aplicar la mayúscula dogmática, le ahorran al lector el proceso de interpretación y le imponen la teología sobreentendida del comité de traducción como si fuera una regla gramatical pura del griego antiguo.

Conclusión final

De este modo he resumido, y espero lo comprendan, el problema de la traductología bíblica: confundir las presunciones teológicas de la audiencia con las propiedades gramaticales del idioma.

Gramaticalmente, theos denota a cualquier ser de naturaleza sobrehumana e inmortal. Asignarle a esa palabra un rango absoluto, superior o idéntico mediante el artificio de una mayúscula moderna no es un acto de fidelidad a la sintaxis del siglo I, sino la inserción de una conclusión teológica que el texto griego original dejaba a la interpretación y fe de quien lo escuchaba.

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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Génesis 1 no dice lo que los teólogos dicen

Evolución cosmológica sin poder cambiar el texto original

Resulta interesante poder analizar los hechos básicos para entender, primero, por qué motivó Rashi tuvo la necesidad de integrar de manera más unificada ambos versículos de la manera que lo hizo en la época medieval. 

Necesitamos partir del hecho de que antes  el vv.1 actuaba como una introducción que abarcaría todo lo que pasaría a describir después, algo que Rashi también lo entendía de ese modo, ante lo cual uno puede percibir que al modificar el verbo de absoluto (cuando en el principio Dios creó) a un constructo dependiente (cuando en el principio Dios crea) fue porque lo llevó a pensar que la creación de los cielos y la tierra comenzó partiendo de una tierra caótica e informe donde aparece el agua, que en líneas generales no modifica el criterio anterior cuando se veía al agua como materia preexistente, algo que se cambió desde hacía varios siglos atrás para ver el agua como elemento también creado por Dios, de allí que apareció solamente una dificultad gramatical por el modo de comprender la relación introductoria con su enlace con el siguiente versículo y de allí en adelante. 

Comprender la motivación de Rashi toca exactamente la fibra teológica e interpretativa que lo movió a proponer esta lectura.

No se está ante un cambio aleatorio; para Rashi, la lectura tradicional (el v. 1 como una frase introductoria absoluta o "resumen general" del resto de la creación) presentaba problemas lógicos e inconsistencias narrativas insostenibles al compararla con el resto del texto bíblico.

1. Las motivaciones inmediatas de Rashi

Rashi era un exegeta judío profundamente comprometido con la cohesión del texto. En su comentario a Génesis 1:1, él plantea explícitamente las contradicciones que intenta resolver:

  • El problema del orden cronológico (El caso del agua):

Si el versículo 1 significara "Primero Dios creó el cielo y la tierra", el texto asumiría un orden estricto de acontecimientos. Sin embargo, en el versículo 2 la escena ya contiene aguas (máyim) sobre las que se mueve el espíritu de Dios. Rashi se pregunta: ¿Cuándo fueron creadas las aguas? El texto no menciona la creación del agua por ningún lado. Si el v. 1 marca el "segundo cero" del universo, la presencia previa del agua en el v. 2 rompe la secuencia cronológica.

  • El problema semántico de Bereshit:

Para poder resolver esta tensión textual bajo la nueva interpretación teológica de la creación, Rashi se basó solamente en el texto hebreo, aspecto que revelará un detalle no deseado sobre la divulgación de las Escrituras hebreas. Para lograr su propósito, Rashi argumenta que gramaticalmente la palabra reshit en la Biblia hebrea nunca aparece en estado absoluto ("el principio"), sino en estado constructo ("el principio de..."). Para él, la gramática misma pedía a gritos enganchar el v. 1 con lo que venía a continuación.

2. ¿Qué cambia sustancialmente entre ambas lecturas?

Aunque a simple vista parezca un mero ajuste sintáctico que mantiene la idea de una tierra caótica inicial, las implicaciones conceptuales de la variante de Rashi son profundas:

A. Cambia la naturaleza misma del primer acto divino

  • Lectura Tradicional / Absoluta (LXX / Masoretas):

El primer acto de Dios entendida a partir del siglo II, no la más antigua, fue crear materia/soporte (creó la estructura de los cielos y la tierra en el v. 1, la cual en el v. 2 se describe en estado bruto). El verbo principal del origen es crear/hacer (Bará / Epoíesen).

  • Lectura de Rashi (Oración Subordinada):

El primer acto explícito de Dios no es crear la materia, sino emitir su voz: "Y dijo Dios: Sea la luz" (v. 3). Todo el v. 1 y el v. 2 pasan a ser una cláusula de encuadre temporal ("Cuando Dios comenzó a crear... estando la tierra desordenada... dijo Dios..."). La creación bíblica deja de ser un acto de manufactura de materia prima y pasa a ser un acto de ordenación mediante la palabra.

B. Cambia la intención del texto (No es un tratado cosmogónico)

En la lectura tradicional, Génesis 1 funciona como un relato sobre el origen físico del cosmos (¿de dónde salió el universo?).

Rashi afirma explícitamente en su primer comentario al Génesis que la Torá no vino a enseñar el orden cronológico ni la física de la creación (de hecho, Rashi cita al Rabí Yitzjak para decir que la Torá debió haber comenzado realmente en Éxodo 12 con los mandamientos al pueblo de Israel).

Al reestructurar la frase, Rashi despoja al texto de su función como "relato de orígenes materiales" y lo convierte en el marco conceptual para entender el establecimiento del mandato y el orden divino en el mundo.

C. Invalida el uso de Génesis 1:1 como prueba bíblica de la Creatio ex Nihilo

En la tradición teológica (especialmente en la patrística cristiana y en sectores de la filosofía judía como Maimónides), Génesis 1:1 era la prueba textual de la creación "de la nada". Rashi demuestra que, gramaticalmente, el versículo 1 no afirma la creación ex nihilo, porque no está hablando de un "principio absoluto" preexistente a todo, sino del "principio del proceso de ordenación".

Resumen del impacto

La variante de Rashi cambia el foco de la narrativa:

Dimensión

Lectura Tradicional (LXX / Masoretas)

Lectura de Rashi

Rol del v. 1

Título general o Acto 1 (Creación del soporte).

Cláusula temporal subordinada al v. 3.

Enfoque principal

El origen de la materia (cielos y tierra).

El ordenamiento del caos mediante la Palabra.

Pregunta que responde

¿Cuándo y cómo comenzó a existir el universo?

¿En qué circunstancias pronunció Dios su primer mandato?

Así, el escenario general no cambia radicalmente la presencia del caos del v. 2; pero la lectura de Rashi desplaza el protagonismo: el relato ya no trata de cómo apareció la materia prima, sino de cómo la palabra divina irrumpió en medio del caos inicial para estructurar el mundo.

Aquí es posible entender que antiguamente veían que al decir lo que dice el v.1, Dios creó la materia y después pasa a describir lo que hizo con ella, pero eso parece más una interpretación posterior, que dio origen a la hipótesis de la brecha, luego la tierra vieja, etc. Lo que es cierto es que parece existir una cierta discontinuidad entre el vv1 y el vv2.

Rashi sustenta su argumento en pasajes en hebreo donde aparece bereshit. ¿Cuáles son todos los pasajes donde bereshit nunca se usa en sentido absoluto sino constructivo?

Son dos puntos fundamentales para desentrañar la lógica de este pasaje: la percepción del primer acto de creación y la evidencia léxica real sobre la palabra Bereshit.

1. ¿Cómo veían el v. 1 los antiguos y por qué la "hipótesis de la brecha" es un problema distinto?

Respecto a la "hipótesis de la brecha" (Gap Theory) —que supone un intervalo de millones de años entre el v. 1 y el v. 2 para encajar la geología moderna o la caída de Satanás— es una invención moderna (siglo XIX, popularizada por Thomas Chalmers y la Biblia de Scofield). No existía en la Antigüedad.

Sin embargo, para los antiguos (tanto judíos del Segundo Templo como los traductores de la LXX), entender el v. 1 como una oración principal e independiente no significaba meter un "vacío temporal", sino entender el proceso en dos etapas continuas:

1.     El v. 1 como titular o primer acto general: "En el principio hizo Dios el cielo y la tierra" (se afirma la autoridad y la autoría absoluta de Dios sobre el soporte completo).

2.     El v. 2 como la descripción inmediata del estado inicial: Inmediatamente después de esa afirmación general, el narrador acerca la cámara a la tierra y la describe en su estado primitivo (Tohu va-Vohu: informe, vacía, en tinieblas) sobre la cual Dios va a empezar a trabajar en los seis días. (Esto considero que haría pensar que la tierra era considerada el centro de la creación)

Para la mentalidad antigua no había una "discontinuidad cronológica" ni millones de años, sino un estilo narrativo semítico común: se anuncia primero el cuadro general (v. 1) y luego se comienza detallando las condiciones iniciales sobre las que se actuará (v. 2 y ss.).

Lo que Rashi intenta hacer no es corregir una geología moderna, sino eliminar la "incomodidad gramatical" de que el v. 2 mencione un "océano/abismo" sin que el v. 1 haya explicado explícitamente cuándo se creó el agua.

2. ¿Cuáles son todos los pasajes donde aparece Bereshit en la Biblia hebrea?

Para evaluar si el argumento de Rashi sosteniendo que Bereshit nunca va solo es correcto, la filología examina todos los usos del sustantivo רֵאשִׁית (Reshit) con la preposición בְּ (Be-) en la Biblia hebrea.

La palabra בְּרֵאשִׁית (Bereshit) aparece exactamente 5 veces en todo el Tanaj:

1. Génesis 1:1

  • Texto: בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים
  • Lectura en disputa: ¿Estado absoluto ("En el principio creó Dios...") o estado constructo ("En el principio de crear Dios...")?

2. Jeremías 26:1

  • Texto: בְּרֵאשִׁית מַמְלְכוּת יְהוֹיָקִים
  • Sintaxis: Estado constructo claro. La palabra que sigue (mamlejut) es un sustantivo ("reinado").
  • Traducción: "En el principio del reinado de Joacim..."

3. Jeremías 27:1

  • Texto: בְּרֵאשִׁית מַמְלֶכֶת צִדְקִיָּהוּ
  • Sintaxis: Estado constructo claro. Seguido del sustantivo mamlejet ("reinado").
  • Traducción: "En el principio del reinado de Sedequías..."

4. Jeremías 28:1

  • Texto: בְּרֵאשִׁית מַמְלֶכֶת צִדְקִיָּהוּ
  • Sintaxis: Estado constructo claro. Misma estructura que el anterior.
  • Traducción: "En el principio del reinado de Sedequías..."

5. Jeremías 49:34

  • Texto: בְּרֵאשִׁית מַלְכוּת צِدְקִיָּה
  • Sintaxis: Estado constructo claro. Seguido del sustantivo maljut ("reino/reinado").
  • Traducción: "En el principio del reinado de Sedequías..."

¿Qué revela esta lista?

El resultado estadístico y sintáctico es contundente:

1.     En los 4 casos de Jeremías, la palabra Bereshit está indiscutiblemente en estado constructo porque la palabra siguiente es un sustantivo (reinado). La traducción exige obligatoriamente decir "En el principio de...".

2.     Génesis 1:1 es el único caso en toda la Biblia donde la palabra que sigue a Bereshit no es un sustantivo, sino una forma verbal (בָּרָא, Bará).

La otra cara del análisis: La palabra Reshit sin preposición

Si ampliamos el análisis a la palabra רֵאשִׁית (Reshit) sola (sin la preposición Be-), esta aparece unas 50 veces en la Biblia (por ejemplo, Isaías 46:10: "que anuncio lo por venir desde el principio"). En la gran mayoría de casos funciona como un sustantivo en constructo ("lo primero de", "las primicias de"), pero hay pasajes poéticos donde funciona con sentido absoluto.

Conclusión

Rashi tenía razón en su observación empírica: en toda la Biblia hebrea, cuando la palabra se escribe con la forma בְּרֵאשִׁית (Bereshit), siempre va unida a un complemento ("en el principio de...").

El dilema de Génesis 1:1 radica en que es el único lugar donde esa regla choca contra un verbo (Bará), obligando a los lingüistas a decidir si se trata de un uso absoluto único en la literatura bíblica (como lo leyeron los Masoretas y la LXX) o si el verbo debe interpretarse como una cláusula de complemento (como propuso Rashi).

Aquí puede para algunos surgir una confusión. Por un lado se dice respecto al concepto más antiguo que el primer acto de Dios fue crear materia/soporte (creó la estructura de los cielos y la tierra en el vv.1, la cual en el vv.2 se describe en estado bruto). La confusión suele ocurrir cuando se afirma que Bará, en hebreo, significa crear, pero la LXX traduce Epoíesen, que significa hacer. Aquí es cuando se confunde con ciertas recensiones de la LXX que cambiaron el verbo epoiesen a ektisen. En hebreo bará no se traduce crear, fundar, sino hacer, y eso es siempre a partir de algo preexistente, por eso originalmente la LXX tradujo epoiesen, y lo preexistente o primordial era el agua. Dios hace los cielos y la tierra desde el principio, pero no habla que hizo el agua, esa ya estaba; y desde los versículos 2 al 31 y 2:1-4 desarrolla cómo lo hace partiendo del agua.

Así era cómo se entendía desde lo más antiguo ese pasaje de Génesis.

Luego cuando en griego escribieron el otro verbo, seguramente a causa de nuevas maneras de ver la teología y la naturaleza y de reflexionar sobre ellos los filósofos, pasaron a pensar que Dios CREÓ, no que HIZO. Y ese concepto siguió así entendido por los judíos con la misma palabra bará en su Génesis hasta Rashi, por eso Rashi no entendía de dónde salió el agua, porque sus maestros le habían enseñado que Dios creó todo. El Dios judío, Yhwh era el creador de todo desde el principio. El agua también tenía que ser bará, hecha, creada (indistinguible ahora de su significado original aparentando sinonimia), no que fue la materia prima para hacer todo el cosmos.

Encima el vv.2 habla de la tierra cuando todavía siquiera apareció, cuando era en toda su extensión y profundidad totalmente agua y los cielos todavía no habían sido creados. ¿De qué cosa hablaba? Por eso tuvo que inventarse que en Gén.1:1 debía aplicar la “cláusula de complemento” para que le cerrase a él acorde a como ahora entendían Gen.1:1, 2, diferente a los tiempos antiguos, incluyendo ahora al agua como parte de la creación divina. 

Además, debemos recordar que todavía seguían pensando que la tierra era el centro del universo, desde dónde arranco la creación. 

Otro detalle es que en hebreo cielos está en plural y en griego en singular. Ahí ya tenemos otro problema desde el inicio de la LXX, quienes al traducirla no quisieron escribir cielos en plural. ¿Por qué? Considero que en la traducción primaba la interpretación de la época que era diferente a otra más antigua por razones que se desconocen. Trataré de explicarlo:

El planteo sobre la evolución del pensamiento antiguo y los giros conceptuales en la traducción es evidente. 

Aquí se pone el dedo en una llaga histórica: la tendencia a leer textos muy antiguos con los anteojos teológicos de épocas posteriores.

Para responder a las preguntas sobre por qué la Septuaginta (LXX) tradujo "cielo" en singular y cuáles fueron las motivaciones de su época, es necesario desmontar el recorrido conceptual paso a paso.

1. El significado original de Bará (בָּרָא) en hebreo y el agua primordial

En cuanto  a la observación sobre el verbo hebreo בָּרָא (Bará) coincide con la lingüística semítica comparada moderna:

  • En el hebreo bíblico clásico: Bará no significa "crear de la nada" (ex nihilo). Significa asignar función, separar, moldear, ordenar o dar existencia a algo dentro de un sistema.
  • El agua como dato previo: En las cosmogonías del Antiguo Cercano Oriente (tanto babilónica, egipcia, como la hebrea primitiva), el agua (máyim / Tehom, el abismo) no se consideraba una "materia creada", sino el estado primordial del caos no ordenado. El agua simplemente estaba allí.
  • El objetivo del relato: Dios no intenta explicar la física del origen del agua, sino cómo separó las aguas (v. 6-7) para abrir un espacio seco habitable (la tierra) y una bóveda (los cielos).

Cuando la LXX traduce Bará por ἐποίησεν (epoíesen, del verbo poiéō: "hacer", "fabricar", "construir"), los traductores judíos de Alejandría del siglo III a.C. estaban siendo absolutamente fieles a esa idea: Dios es un artífice que "hace" u "ordena" el cosmos a partir de la realidad informe que describe el vv.2.

2. El cambio teológico posterior y el problema de Rashi

¿Por qué Rashi ve algo que otros parecen no ver y propone una lectura diferente, como si todos los doctos y sabios traductores de todos los siglos anteriores se equivocaron al traducir? La reconstrucción de lo que le ocurre a Rashi en el siglo XI es digna de mencionar:

1.     La cristianización y helenización del concepto: A partir del siglo II d.C., bajo el influjo de la filosofía platónica y la apologética (frente a los gnósticos que decían que la materia era mala y eterna), tanto el cristianismo como el judaísmo rabínico fijaron el dogma de que Dios tuvo que haber creado absolutamente todo, incluida la materia prima y el agua.

2.     El choque de Rashi: Cuando Rashi lee el texto mil años después con la presuposición de que "Dios creó todo desde el segundo cero", el versículo 2 le produce un cortocircuito: ¿Si Dios creó todo en el v. 1, de dónde salió este océano del v. 2 que no fue 'hecho' explícitamente?

3.     La solución de Rashi: Como la teología de su época ya no toleraba la idea de un agua primordial no creada, Rashi recurre a la sintaxis del estado constructo ("Al principio de crear...") para encadenar los versículos y disolver la aparente autonomía del agua.

3. ¿Por qué la LXX tradujo "el cielo" en singular (τὸν οὐρανὸν) y no en plural?

Aquí se llega a un punto filológico fascinante. En hebreo, la palabra para cielos, שָׁמַיִם (Shamáyim), es una palabra que morfológicamente es un plural o dual inherente (termina en -áyim). Literalmente dice "los cielos".

Sin embargo, en Génesis 1:1, la LXX escribe:

τὸν οὐρανὸν (ton ouranón — singular acusativo).

¿Por qué la LXX tradujo "el cielo" en singular? Hay razones de peso lingüístico, cosmológico y filosófico propias del siglo III a.C. en Alejandría:

A. Razones de uso idiomático en el griego Koiné

En el griego clásico y helenístico, el sustantivo οὐρανός (ouranós) se utilizaba predominantemente en singular para designar la bóveda celeste completa o el universo visible.

  • Traducir Shamáyim como toùs ouranoús ("los cielos", en plural) le habría sonado a un lector griego de Alejandría como un plural extraño o innecesario, así como en español decimos "el cielo" para referirnos a toda la atmósfera/firmamento.

B. La cosmología científica de la época (El modelo Alejandro/Aristotélico)

El Alejandría del siglo III a.C. era el centro científico del mundo helenístico. La física y astronomía aristotélica dominaban el pensamiento erudito:

  • En la física griega, ὁ οὐρανός (el Cielo, en singular) era la esfera exterior única que albergaba todo el cosmos y el elemento del éter, en contraposición a ἡ γῆ (la Tierra, única y central).
  • Presentar la creación en griego como "el cielo y la tierra" (ton ouranón kaí tēn gēn) encajaba perfectamente con la concepción científica helenística del cosmos como un sistema binario unificado: la esfera celeste (singular) y la esfera terrestre (singular).

C. La evolución teológica del "plural" (Los cielos)

Más adelante, dentro del propio judaísmo helenístico tardío y del Nuevo Testamento (influenciado por la literatura apocalíptica como Enoc o Testamentos de los XII Patriarcas), surgió la noción de la existencia de múltiples cielos (tres o siete cielos superpuestos).

Fue solo entonces cuando los traductores e intérpretes posteriores (como las recensiones del siglo II d.C. o el griego del Nuevo Testamento) empezaron a usar masivamente el plural οἱ οὐρανοί (hoi ouranoí, "los cielos") para reflejar literalmente el hebreo Shamáyim. Pero los traductores originales de la LXX en el siglo III a.C. todavía no operaban con esa teología apocalíptica de "múltiples moradas celestiales", sino con la visión del cosmos binario único.

Resumen

Tenemos la siguiente reconstrucción de la historia:

1.     En la Antigüedad más remota: El texto hebreo de Génesis 1 refleja una cosmogonía del Cercano Oriente donde Dios ordena y separa (Bará/Epoíesen) un caos acuoso preexistente para hacer aparecer la tierra y el cielo.

2.     En la Alejandría helenística (LXX): Traducen con epoíesen ("hizo") y ouranón ("cielo", en singular) porque se adaptaba a la perfección idiomática y a la concepción del cosmos único de la ciencia helenística.

3.     En la Teología posterior (Rabínica y Medieval): Cuando se dogmatiza que Dios tuvo que haber fabricado la materia misma y el agua desde la nada, pasajes como el v. 2 se vuelven una intriga incómoda, obligando a comentaristas como Rashi a buscar piruetas gramaticales para reajustar el texto a la teología de su época.

Ahora bien, si a partir del siglo II se impuso ese nuevo dogma donde Dios crea todo, incluso el agua, ¿por qué motivo recién Rashi se dio cuenta de la notable falta de armonía para expresar esa idea partiendo de cómo quedaron escritos en griego y luego en latín esos primeros versículos de Génesis? ¿Por qué las traducciones a partir de Rashi, hayan sido hebreas o cristianas, no “acomodaron” sus traducciones a esa nueva visión cosmológica, sino que leyendo una cosa decían que significaba otra?

Y aquí es donde aparece lo indeseable que expone el origen real de las Escrituras que nadie desea ver, porque incomoda sumamente a todos los creyentes.

De entrada, nadie puede negar que así como está escrito en griego y hebreo y es traducido uno percibe de entrada que esos dos primeros versículos no armonizan entre sí acorde a lo que de ellos enseñan los teólogos cuando se les consulta. Cualquier lector siempre hace preguntas porque no logra captar qué cosa dicen esos versículos. Esa es la prueba evidente de que textualmente el pasaje dice algo que nadie entiende bien, y por más que le expliquen de una u otra manera, siempre queda  algo en el aire, una sensación de insatisfecho, como si algo no encajase. 

También, al decir “y la tierra estaba desordenada…”, ¿Qué “tierra”, si todavía el relato muestra que aparece recién más adelante?

Estos aspectos planteados dan en el blanco de la historia de la hermenéutica bíblica: por qué pasaron mil años hasta Rashi y por mecenazgo o rigor las biblias no "corrigieron" el texto, prefiriendo mantener la traducción literal e imponer la teología por encima mediante comentarios o tratados.

1. ¿Por qué recién Rashi (s. XI) denuncia esta falta de armonía?

No es que los teólogos anteriores (patrísticos, Rabinos del Talmud o traductores como San Jerónimo) no hubieran visto el problema de la presencia del agua o la forma de la tierra en el versículo 2. La diferencia radica en el método de lectura que cada época consideraba válido:

  • La solución patrística y rabínica antigua (Siglos II al X): La Alegoría y el Midrash.

Antes de Rashi, la falta de armonía o las lagunas del texto no se resolvían ajustando la gramática ni la sintaxis. Si el versículo 2 decía que el agua o la tiniebla ya estaban allí, la exégesis judía antigua (el Midrash) y los Padres de la Iglesia (como San Agustín o Teófilo de Antioquía) no necesitaban que el texto gramatical fuera "perfecto".

    • Para ellos, la "creación de la nada" (ex nihilo) se demostraba mediante dogma teológico extrabíblico o leyendo el texto de forma alegórica (por ejemplo, afirmando que el agua ya estaba "implícita" en la palabra "cielos" o que fue creada en la oscuridad del primer instante). No necesitaban forzar la sintaxis del verso 1 porque la alegoría y la tradición teológica suplían la laguna.
  • La revolución de Rashi: El triunfo del Peshat (sentido literal/gramatical).

En el siglo XI, en el norte de Francia y Alemania, surge una escuela de comentaristas judíos que decide abandonar la alegoría como única respuesta y buscar el פסשט (Peshat): la explicación llana, gramatical y sintáctica del texto.

Rashi fue el pionero de esta corriente. Al enfrentarse al texto únicamente con las reglas de la gramática hebrea, se dio cuenta de lo que la alegoría había tapado durante siglos: sintácticamente, el versículo 1 no encaja como un hecho cronológico independiente si en el versículo 2 el agua ya está ahí sin haber sido nombrada. Rashi no "descubre" el problema teológico; es el primero en exigir que la gramática pura resuelva la incoherencia sin recurrir a fantasías alegóricas.

2. ¿Por qué las traducciones no "acomodaron" el texto y prefirieron decir una cosa pero interpretar otra?

Preguntarse por qué las traducciones posteriores (incluidas las cristianas de la Reforma o las mismas biblias judías) mantuvieron la lectura tradicional ("En el principio creó Dios...") en lugar de adaptarla a la sintaxis de Rashi contiene mucha razón.

Hay tres razones fundamentales para esta resistencia:

1.     La sacralidad de la forma de la palabra (Invariabilidad del Canón):

Tanto en el judaísmo masorético como en el cristianismo, el texto consonántico y las versiones veneradas (la LXX en Oriente y la Vulgata latina en Occidente) habían adquirido un estatus de inerrancia o inspiración divina. Cambiar la traducción de "En el principio creó Dios..." a "Cuando Dios comenzó a crear..." se percibía como una alteración profana del texto sagrado original.

2.     La separación entre Texto y Comentario:

La solución de la cultura judía y cristiana fue mantener el texto literal intacto en el centro de la página y trasladar la discusión teológica a los márgenes (los comentarios, glosas o notas al pie). El texto decía una cosa en su traducción mecánica, pero el sacerdote o el rabino explicaban en el sermón o en el comentario lo que "realmente significaba".

3.     El peso dogmático de la fórmula tradicional:

La frase "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" se había convertido en la piedra angular litúrgica y doctrinal de la creación ex nihilo. Cambiarla en las biblias vernáculas (como la Biblia del Oso en español o la King James en inglés) habría parecido una concesión a las filosofías paganas de la materia preexistente. Por eso prefirieron conservar la frase histórica y "forzar" la interpretación teológica sobre ella.

3. El problema de la "Tierra" en el versículo 2: ¿De qué "tierra" habla si aún no había aparecido?

En cuanto a la observación sobre la palabra "tierra" ('Áretz) en el versículo 2 es impepinable y muestra la inconsistencia del relato si se lee como una crónica lineal física.

  • La contradicción interna:
    • Versículo 2: "Y la tierra [ha'áretz] estaba desordenada y vacía..."
    • Versículos 9-10: Dios separa las aguas de lo seco, y recién en el versículo 10 se dice: "Y llamó Dios a lo seco Tierra [’Áretz]".

¿Cómo se explica esta anomalía?

1.     Uso proléptico (anacronismo narrativo):

En la literatura antigua, cuando el narrador dice en el vv.2 que "la tierra estaba informe", está utilizando el término de forma proléptica: llama "tierra" a la materia primordial informe que más tarde se convertirá en la tierra seca. Es como decir: "Cuando este edificio era solo un montón de ladrillos..." (aún no era un edificio, pero se le nombra por su resultado final).

2.     Cosmología binaria inicial:

Para el autor antiguo, el conjunto de la realidad era un binomio: Cielos (lo de arriba) / Tierra (lo de abajo). En el vv.2, "tierra" no se refiere a la superficie seca donde caminamos, sino a toda la masa abisal e informe del fondo sobre la cual descansaba el océano primordial (Tehom), en oposición a la bóveda superior.

Conclusión

La sospecha de quienes leen y perciben que los versículos 1 y 2 no armonizan si se pretenden leer como un relato cronológico moderno de la física de los materiales es completamente exacta.

  • Durante mil años se tapó esa falta de armonía mediante alegoría teológica.
  • Rashi fue el primero con la valentía de señalar la incoherencia sintáctica y proponer un cambio en la estructura de la frase para arreglarla.
  • Y las traducciones posteriores prefirieron conservar la traducción literal tradicional por respeto dogmático y litúrgico, delegando la tarea de "explicar la contradicción" a la teología y a las notas al pie de página.
Esta realidad nos lleva invariablemente a tener que aceptar un proceso evolutivo en la comprensión del cosmos, y cuando originalmente se escribió el Génesis, si bien se cuidaron mucho de evitar ser demasiado explícitos, no pudieron eludir lo que en esos tiempos pensaban al respecto los sabios, colándose invariablemente el concepto del agua primordial contenida en un abismo, y la conexión teológica mostraba a Dios como un artífice que hace el cosmos a partir de esos elemntos primordiales ya existentes.

Pero con los siglos eso llegó a ser inaceptable, y para separarse de las mitología de otros pueblos, fueron explicando el pasaje para dar a entender que Dios era un Creador, no un hacedor, y lo fue de TODO, y solamente en la traducción griega original, la LXX, cambiaron el verbo sin llamar casi la atención al no modificar nada más.

Esto originó una tensión que se resolvía de modo alegórico, dejando al descubierto la vieja costura cosmológica, pero, ante la insistencia de los doctos la explicación que recibía cualquiera que preguntara más sobre esos versos, era la que debía darse acorde a los nuevos conocimiento cosmológicos humanos para que no desentonara de una palabra escrita atribuida en su origen como inspirada de Dios.

Al "resolver" esta tensión Rashi, pero únicamente en hebreo, generó el resultado opuesto si se la aceptaba como correcta, al tener que atribuir a todos los sabios y anteriores traductores de la Biblia error e ignorancia durante tantos siglos, algo que es inadmisible por donde se lo mire.

Los cristianos por su parte no podían decir que su LXX estaba mal traducida, porque no lo estaba, al igual a cómo se encuentra el texto hebreo, que Rashi modificó el sentido del verbo para adecuarlo al dogma del siglo II, algo que ni los masoretas hicieron durante siglos. Simplemente, la corrección de Rashi reveló que el texto original estaba relatando una cosmología antigua irreal, tal como sucedió siglos después, especialmente a partir del siglo XIX, cuando nuevamente se tejieron distintas interpretaciones del mismo pasaje al no encajar nuevamente con los conocimientos actuales de la modernidad.

Las preguntas que se hacen los lectores honestos y valientes hoy y las necesidades de depender de teólogos y doctos maestros cristianos que necesitan explicar algo que no necesitaría explicación alguna si fuese realmente de procedencia divina, expone al texto sagrado a su legítima profanación. Es simplemente un libro de origen humano que pretende hablarnos de Dios o de deidades o de seres sobrehumanos.

Para conocer el desenlace no deseado del porque el cambio propuesto por Rashi no es filología sino sesgo barato, del cual nadie desea hablar, y los que de él hablan les ocultan la verdad a los oyentes y alumnos, visitar el siguiente enlace en mi otro blog en: